¿Cuáles son normalmente los límites de tensión arterial que una persona diabética debe tener como meta?
Cuando uno tiene hipertensión arterial y diabetes juntas, es como recibir un doble golpe, porque ello implica que habrá un mayor riesgo de sufrir enfermedades de las arterias coronarias, enfermedades vasculares y del riñón, y más. Por eso, en los últimos años hemos adoptado una actitud más resuelta, basándonos en los resultados de estudios de gran escala que sugieren que la normalización es más importante que nunca. Ahora apuntamos a una meta de tensión arterial normal, es decir, menos de 130 puntos para la presión sistólica, que es la cifra máxima, y menos de 80 puntos para la diastólica, la cifra inferior. En el caso de las personas con enfermedad renal importante, buscamos valores de presión aún menores, si es posible, menos de 125 puntos de sistólica y 75 puntos de diastólica.
¿Cuál es el primer paso para lograr algunos de estos niveles?
El ejercicio físico, la dieta y una ingesta cuidadosa de sal son pasos importantes, pero hemos aprendido que también es necesario utilizar una combinación muy bien planificada de varios fármacos.
¿Tienen los fármacos antihipertensivos efectos secundarios?
Cada clase de fármacos antihipertensivos aporta su pequeña cuota de efectos secundarios. Afortunadamente, los medicamentos han mejorado tanto durante los últimos 20 años que ahora muchos de los fármacos nuevos no presentan más efectos secundarios que los comprimidos de placebo o azúcar.
Entonces, con las modificaciones del estilo de vida y el tratamiento con fármacos, ¿se puede controlar la hipertensión arterial en las personas diabéticas?
No es un trastorno curable, es un trastorno tratable, lo cual es muy diferente. En muchos casos, sin embargo, es un problema grave, porque el resultado final de la falta de control de la diabetes y la hipertensión es tan malo como la falta de control o la falta de tratamiento del cáncer.
Hemos aprendido muchísimo en los últimos dos años sobre la atención de pacientes hipertensos con diabetes. Hemos obtenido nueva información específica sobre ciertas clases de fármacos y, por lo tanto, podemos brindar al paciente un plan más refinado de tratamiento con fármacos, aunque éstos sean muchos, que verdaderamente reduce la morbilidad. Esto es algo muy positivo si tenemos en cuenta lo que sabíamos hace sólo algunos años.